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A pesar de sus avances, la democracia mexicana es todavía joven en su experiencia y en su temporalidad. Si bien es cierto que sus aspectos formales, en lo que a cuestiones electorales se refiere, quedaron ampliamente plasmados en la Constitución de 1917, no fue sino hasta el año 2000 que se vieron reflejados en la realidad de las urnas, con la alternancia política de la que todos fuimos testigos.
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